En los albores del tiempo, cuando la Tierra aún era joven y la noche no era más que un temor, existía Lira, la tejedora de constelaciones. Ella se dedicaba a bordar estrellas sobre el manto celeste, observando cómo la Luna, su creación más grande y querida, giraba con gracia. Pero Lira notaba una profunda tristeza en el rostro visible de su astro. La Luna mostraba al mundo solo una cara, y escondía la otra, la mitad ignorada, en una oscuridad eterna.
Lira, impulsada por una extraña curiosidad, decidió que debía conocer el secreto de su obra. Usando un cometa como vehículo, se aventuró a través del espacio hasta llegar al punto donde la Luna nunca se dejaba ver. En ese lugar de oscuridad compacta, encontró no un vacío, sino un portal secreto forjado de obsidiana astral.
A través de su viaje cósmico, Lira atravesó el umbral y aterrizó en la fría superficie del astro. Lo que encontró detrás de el rostro oculto no era desolación, sino un inmenso archivo. Miles de esferas plateadas levitaban, cada una conteniendo un recuerdo doloroso que la humanidad había preferido olvidar: las guerras perdidas, las traiciones, las mentiras fundacionales. Este era el Gran Olvido, el cementro donde la Luna guardaba la memoria del mundo para proteger a los vivos de su propio pesar.
Lira comprendió una verdad oscura: la Luna sacrificaba su simetría para llevar el peso del conocimiento. Para mantener su brillante fachada, debía albergar una sombra perpetua.
La tejedora de estrellas ya no sintió tristeza por la Luna. Sintió un profundo respeto. Al tocar una de las esferas, sintió el dolor de la humanidad como una corriente eléctrica poderosa y antigua. En ese instante, supo que su misión sagrada había cambiado.
Lira se sentó en la superficie áspera del lado no visto y juró proteger ese archivo. Ahora era responsable de discernir qué recuerdos eran demasiado destructivos para ser devueltos. Ella se convirtió en la Guardiana de la Sombra.
Desde entonces, Lira mantiene un compromiso eterno con su astro. La Luna sigue mostrando su faz pálida y perfectamente circular a la Tierra, pero solo aquellos que han cargado con el peso del conocimiento saben que en el lado que nadie ve reside un archivo vigilado, protegido por la Luna completa y la Guardiana de la Sombra.


