El viento aullaba como una bestia hambrienta sobre la superficie oscura, agitando un mar que parecía compuesto de brea y desesperación. En medio de ese caos líquido, una figura emergió, con la piel corroída por la exposición a elementos que no pertenecían a este mundo. Sus rasgos estaban desdibujados, transformados en una máscara de agonía eterna que buscaba desesperadamente un alivio en las alturas. El aire vibraba con una electricidad palpable, mientras el cielo se retorcía en tonos ocres y verdosos, como una herida abierta que se negaba a cerrar.
La criatura abrió su boca en un grito infinito, una cavidad oscura que parecía querer tragarse la tormenta entera. No había rastro de humanidad en aquel rostro desfigurado, solo una expresión de terror puro ante la inmensidad del firmamento. La tormenta era un velo perfecto para lo que acechaba, ocultando bajo sus nubes turbulentas las razones de aquel castigo perpetuo. Los remolinos de agua negra rodeaban a la entidad, manteniéndola anclada en un ciclo de sufrimiento incesante.
Un escalofrío de pánico puro lo recorrió a cualquiera que osara observar aquella escena desde la distancia de la cordura. El cielo no ofrecía redención, sino que reflejaba la misma turbulencia que consumía al ser en el agua. Cada pincelada de las nubes parecía un dedo retorcido señalando la perdición del alma. Una desesperación inmensa comenzó a apoderarse de él, del entorno, del mundo mismo, mientras el salmo de dolor se fundía con el trueno.
Su corazón golpeaba contra sus costillas con violencia al comprender que aquel horror no tenía fin. La luz del cielo era mortecina, apenas suficiente para revelar la textura viscosa de las olas que reclamaban a su víctima una y otra vez. Se dio cuenta de que su aventura se había convertido en una trampa mortal, una donde la propia naturaleza se volvía cómplice del espanto. Aquel grito era una advertencia para los vivos: hay profundidades de las que el alma nunca regresa. El horror lo envolvía por completo, fundiendo la tierra y el cielo en un único escenario de perdición absoluta.


