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sábado, 1 de marzo de 2025

La sombra de vespera

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La sombra de vespera
El demonio sanguinario

Se contaban historias sobre una criatura oscura que acechaba en las sombras. Los ancianos del lugar hablaban en susurros sobre la "Sombra de Vespera", un vampiro antiguo que se decía había sido condenado a vagar eternamente por su sed insaciable de sangre.

Cada luna llena, la Sombra de Vespera emergía de su tumba, un mausoleo cubierto de hiedra y espinas, situado en lo profundo del bosque. Sus ojos, rojos como el fuego y llenos de un hambre voraz, brillaban en la oscuridad, y su piel, pálida como la muerte, se estiraba sobre huesos afilados y cuerpos marchitos. Sus colmillos, largos y curvados, estaban siempre listos para desgarrar la carne de aquellos desafortunados que se cruzaban en su camino.

Una noche, Luna, una joven del pueblo, decidió desafiar las historias que había oído desde niña. Movida por la curiosidad y el escepticismo, se adentró en el bosque bajo la luz de la luna. La brisa era fría, y cada crujido de las ramas la hacía temblar, pero su determinación la empujaba hacia adelante. Sabía que debía probar que la Sombra de Vespera era solo un mito.

A medida que se adentraba en el bosque, la atmósfera se tornaba más pesada, y un silencio inquietante envolvía el lugar. De repente, una risa suave, casi melodiosa, resonó en el aire. Luna se detuvo, el corazón latiendo con fuerza. "¿Quién está ahí?", gritó, tratando de mantener la voz firme, aunque la tremenda inquietud la invadía.

La risa se detuvo, y el silencio volvió, pero no por mucho tiempo. Una figura oscura apareció entre los árboles, su forma etérea moviéndose con una gracia aterradora. Era la Sombra de Vespera. Sus ojos rojos se posaron en Luna, y una sonrisa siniestra se dibujó en su rostro. "Has venido a jugar, pequeña", murmuró, su voz como un susurro helado.

La joven sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sin embargo, en lugar de huir, decidió confrontar a la criatura. "No tengo miedo de ti", desafió, aunque su voz temblaba. La Sombra de Vespera se acercó lentamente, como un depredador que se acerca a su presa. "¿No tienes miedo? La valentía es un regalo, pero la curiosidad puede ser mortal", dijo mientras extendía su mano huesuda hacia ella.

Luna comprendió en ese instante que la criatura no solo era un vampiro, sino un ser que se alimentaba del miedo y la desesperación. Con cada paso que daba, la Sombra absorbía la luz a su alrededor, y la joven sintió cómo su energía vital comenzaba a desvanecerse. En un último intento por escapar, comenzó a retroceder, pero la criatura la siguió, acelerando el paso.

"Tu sangre será el néctar que sacie mi sed", susurró la Sombra, y el terror se apoderó de Luna. En un acto instintivo, corrió, tropezando entre las raíces y las ramas del bosque. Pero la Sombra estaba siempre a su lado, burlándose de su desesperación.

Finalmente, Luna alcanzó un claro iluminado por la luna, donde la luz parecía luchar por hacerse un espacio en la oscuridad. Con un último esfuerzo, se giró hacia la criatura. "¡No! ¡No me tocarás!", gritó. En ese instante, algo dentro de ella despertó, una chispa de poder que había estado dormida. Con un grito, levantó los brazos y la luz de la luna se intensificó, bañando el claro en una brillante luminosidad.

La Sombra de Vespera se detuvo, su rostro distorsionado por la ira y la confusión. "¡No puedes desafiarme!", bramó, pero la luz comenzó a envolverla, ahogando su maldad. Con un grito desgarrador, la criatura se disipó en la oscuridad, llevándose consigo el terror que había sembrado durante siglos.

Luna cayó de rodillas, agotada pero viva. Había logrado escapar de la Sombra de Vespera, pero sabía que el mal nunca desaparece por completo. Desde aquella noche, el bosque permaneció en silencio, y las historias del vampiro se tornaron en advertencias. La criatura había sido contenida, pero no destruida, y en las noches más oscuras, cuando la luna llena brillaba, algunos juraban escuchar un eco de risa lejana, recordando que la Sombra de Vespera siempre aguardaba, lista para regresar.

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