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martes, 28 de octubre de 2025

La llama de caos

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La llama de caos

En los albores de la existencia, cuando el universo era solo una promesa tensa de materia y energía primordial, reinaba Ignis, el Maestro Forjador. Ignis habitaba en la Era del Fundamento, junto a los Titanes de Obsidiana, y su única obsesión era alcanzar la perfección absoluta. Él no estaba satisfecho con la belleza simple de la creación; anhelaba forjar un objeto que concentrara toda la fuerza universal en una única y poderosa esfera.


Durante diez mil ciclos, Ignis trabajó. Utilizó el Yunque de los Tiempos, golpeando la materia con su Martillo Estelar y alimentando su fragua con fuego inextinguible extraído del núcleo de mundos nacientes. Los demás dioses observaban con profunda aprehensión la ambición ciega de Ignis. Le advirtieron que intentar controlar todo el cosmos era una locura peligrosa, pero él hizo caso omiso, impulsado por una determinación feroz.


El momento de la forja final llegó. Ignis fusionó la última porción de materia astral con el núcleo de su creación. En lugar de la esfera de perfección que esperaba, se produjo una reacción violenta. El objeto se desgarró, y de él no salió luz, sino una explosión atronadora que rasgó el tejido de la realidad. Lo que emergió fue pura furia descontrolada, un elemento ardiente, brillante y volátil: la Llama de Caos.


Esta Llama de Caos se convirtió instantáneamente en una fuerza de destrucción total, borrando galaxias enteras en un parpadeo. Su calor abrasador deformó el espacio, creando geometría rota y dejando un rastro de valles abrasados donde antes había planetas florecientes. Los Titanes de Obsidiana y los Constructores Antiguos tuvieron que unirse para combatirla, pagando un alto precio.


Tras una batalla colosal que duró eones, lograron acorralar la Llama. Utilizaron una red de contención tejida con la esencia de estrellas moribundas y realizaron un sacrificio vital para sellarla. Consiguieron reducirla a un núcleo ardiente, que quedó encerrado en el centro del planeta más remoto y vacío.


Hoy, la Cicatríz ardiente de esa batalla aún se puede ver en el cielo nocturno. El mundo existe en un estado de dolor constante, un destino fallido que nunca alcanzó la perfección. La Llama de Caos permanece encerrada, pero su influencia es una amenaza latente que provoca toda disfunción en el universo. Es la leyenda temida que recuerda a todos que el orden es una mentira frágil y que el desorden, el verdadero poder concentrado, espera su momento para resurgir.

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