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sábado, 6 de diciembre de 2025

La sombra del bosque

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La sombra del bosque

El equipo de Silva había cometido un error terrible. Se adentraron en la extensión vasto del Bosque Prohibido, motivados por la tala ilegal de cedro centenario. Ellos pensaron que su equipo brutal de aserradoras era suficiente para enfrentar cualquier cosa, pero subestimaron la defensa antigua del lugar.


Cuando encendieron las motosierras, el aire se hizo denso y el sonido de las máquinas se amortiguó al instante. No era niebla, sino una oscuridad oscura que se arrastraba desde el suelo, como una mancha de tinta fría que subía por los troncos. Dejaron caer sus herramientas, comprendiendo que la naturaleza misma se estaba rebelando.


En el centro del claro recién formado, donde debía estar el cedro más grande, se materializó una figura central. Era la Entidad del Abismo, una criatura de raíces y maleza enroscada que imitaba la forma humana. Su cuerpo era una trenza de ramas retorcidas y tierra mojada. Lo más impactante eran sus ojos de luz blanca, dos orbes brillantes que perforaban la penumbra. La criatura medía casi tres metros, con un cuerpo enorme que se movía con una zancada lenta y deliberada.


El pánico fue instantáneo. La criatura no emitió un rugido, solo una advertencia silenciosa, pero su presencia era un terror físico. Lo que sucedió después fue la masacre inicial. Solo Silva y un hombre llamado Tomás lograron escapar, aferrándose a la única tabla de madera que flotaba en un riachuelo cenagoso.


La sombra del bosque


Tomás no sobrevivió la noche; su cuerpo fue encontrado días después, cerca del linde del bosque, pero sus ojos estaban completamente blancos. Silva, ahora un hombre frágil y roto, se refugió en un cobertizo abandonado, esperando el regreso inevitable de la Sombra. Comprendió que la criatura era una maldición eterna, un guardián de la oscuridad absoluta que se alimentaba de la culpa. Su castigo no era la muerte, sino su consciencia rota por el recuerdo de sus compañeros.


La existencia terrorífica era ahora su realidad. Silva cerró sus ojos y aceptó el precio final por profanar el bosque, sabiendo que la Sombra del Abismo vendría por él en cualquier momento.

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