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jueves, 27 de noviembre de 2025

Los ojos rojos de la ciénaga

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Los ojos rojos de la ciénaga

Damien, un detective atormentado por su pasado, se adentró en la Ciénaga del Hueso buscando a los niños desaparecidos. El pantano era una extensión misteriosa y traicionera que se extendía hasta el horizonte. La gente del pueblo advirtió de una criatura terrible, mitad hombre y mitad bestia, que acechaba en la espesa niebla. Damien ignoró las leyendas locales, confiando solo en la lógica de la evidencia y su entrenamiento.


El aire era denso y olía a moho y putrefacción antigua. Su única compañía era su linterna potente, cuyo rayo apenas penetraba la cortina de vapor. El detective encontró el único rastro que lo mantuvo en pie: una bota de goma pequeña, totalmente destrozada. Sabía que el tiempo se agotaba.


Siguió una serie de huellas grandes, notando que la zancada revelaba un instinto de cazador. Las huellas terminaron abruptamente frente a una charca de agua oscura. En el tronco de un árbol podrido, encontró un símbolo tallado que representaba una promesa de dolor.


De repente, la niebla se abrió. Vio a la criatura: una masa de músculo y fango, con astas quebradas como raíces retorcidas. Damien no sintió la fuerza sobrenatural de un fantasma, sino la verdad oculta y biológica de la ciénaga. Los los ojos rojos de la bestia eran dos puntos de luz que resplandecían en la oscuridad. El Cazador no era mitológico, era una mutación.

Los ojos rojos de la ciénaga

El monstruo se acercó con un movimiento lento y espantoso. Damien sintió el pánico absoluto, comprendiendo que su vida sencilla había terminado. Levantó su arma, pero sabía que la bala no detendría el destino implacable. Su final sería una muerte cruel y deshonrosa en ese fango.

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