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martes, 9 de diciembre de 2025

Promesas grabadas en el polvo

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Fantasma de anastasia

La mansión Ashworth era un monumento a la melancolía profunda. Elías había regresado después de décadas, obligado por una herencia antigua, solo para encontrar la casa envuelta en un olvido total. El aire dentro era pesado, saturado con el aroma de madera podrida y azahar seco.


Subió al salón principal, el lugar donde su prometida, Anastasia, había esperado su regreso de la guerra. La ventana ojival estaba enmarcada por cortinas de encaje roto, ahora convertidas en un sudario.


Ella estaba allí.


Anastasia era una figura de niebla, pálida y translúcida, flotando justo detrás del vidrio. Su cabello largo se movía como humo. Sus ojos, antes llenos de vida sencilla, eran ahora pozos de una tristeza eterna.


Elías no sintió un miedo físico, sino el tormento de la culpa total. Él había prometido volver antes de la caída de la primera nevada, pero regresó dos años después. Anastasia había muerto de pena y de una enfermedad lenta, justo en ese lugar, creyendo que él la había abandonado.


Elías no sintió un miedo físico


Su fantasma no quería venganza. Solo repetía, sin voz, la promesa rota que la mantenía anclada allí. Ella era el recuerdo constante de su fracaso y el castigo final. Elías no pudo irse; se sentó en el polvo, uniéndose a ella en el tormento de la memoria. La mansión era ahora el hogar de dos almas perdidas, unidas por la pena.

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